me limpio con un escarbadiente debajo de las uñas
hago bolitas con la mugre y las apoyo en la mesa de la luz de mi madre
la mesa de luz de una madre cuando duerme es una mesa de bosque azul
que envuelve la cuna de mamusckas abiertas que tiene una madre debajo de su cama.
- Hola mamá estoy extraviada. Tengo veintitrés años, estoy tirada abajo de tu mesa
empujando los secretos de mi inconsciente en la esquina del cuarto y pienso un recuerdo:
-Hola mamá estoy extraviada, te olvidaste de mi en estoy en el super, estoy en la góndola
de los enceres de cocina, tengo miedo que me dejen acá olvidada, los grande por acá son
muy altos y mueven las piernas rápido.
estoy quitándome el sueño porque elegi torturarlo,
vos tan desatentida en tus asuntos
yo sigo apretando con mi mano la mamuska más chiquita
por miedo a perderla.
con mi otro brazo agarro el caleidoscopio que me compré hace unos
años y miro hacia arriba.
cuando miro hacia arriba pasa eso, la culpa. lo que me contaste sobre
tener las manos ocupadas y el ojo en otra parte.
el consejo de no escribir tanta poesía para poder hacerme la tonta y hacer como que
acepto las cosas que veo.
lo cierto es que podría pasarme un gato con patas largas por arriba y
podría no darme cuenta. podría anteponerse a mí ese gato que duerme en tu regazo
y me espia de reojo, el guardian de mi vientre sembrado.
-Hola mamá estoy extraviada en la mesa tomando una sopa de puerros, obligada mojo el pan en el plato y famelica me como la angustia.
